Preocupa en el Hospital de Niños el consumo de alcohol de menores

Según indicaron toxicólogos, es frecuente que lleguen chicos de entre 10 y 19 años que toman bebidas alcohólicas esporádicamente, por ejemplo cada 15 días, pero en cantidades exorbitantes
Según indicaron toxicólogos del Hospital de Niños Sor María Ludovica de nuestra ciudad, es frecuente que lleguen chicos de entre 10 y 19 años que toman bebidas alcohólicas esporádicamente, por ejemplo cada 15 días, pero en cantidades exorbitantes. Los especialistas observan con preocupación que existe una permisividad social y cultural frente a este tipo de consumo, al advertir que la tolerancia hacia la ingesta de alcohol entre los jóvenes parte de la idea errónea de que se trata de un hábito propio de la adolescencia que no entraña consecuencias graves.

“Pocos padres – señala la doctora Ana María Girardelli, jefa de Toxicología del Ludovica- saben que cuando un adolescente empieza a consumir grandes cantidades de alcohol en pocas horas tiene alto riesgo de sufrir trastornos neurológicos, cardíacos, digestivos y metabólicos, convulsiones, desvanecimientos, coma alcohólico y hasta muerte”.

Esto sin contar que el consumo excesivo de alcohol predispone a todo tipo de accidentes, ya que los reflejos disminuyen al igual que las capacidades psicomotrices, y esto expone a los alcoholizados a colisiones vehiculares, caídas, desvanecimientos y atropellos en la vía pública.

Los especialistas explican que en la mayoría de los casos, el grupo de pares presiona hacia la borrachera: hay que tomar hasta no dar más. Incluso se suele colocar al que no bebe en un lugar marginal, de debilidad. De este modo, cuando los límites y los riesgos no están claros, tomar alcohol “a morir” les genera, a buena parte de los jóvenes, un sentimiento de pertenencia.

A esto se suma que muchos buscan los efectos del alcohol sobre el sistema nervioso central para “animarse” a hacer cosas que no harían sobrios, generalmente porque se trata de conductas de alta exposición o peligrosidad.

En ese sentido, los expertos en adicciones del ministerio de Salud provincial recomendaron promover el diálogo permanente entre padres e hijos sobre estos temas, “para que los mayores ayuden a sus hijos a tomar conciencia de los riesgos”.

“Una sola borrachera puede llevar a la muerte”, señala la doctora Girardelli, quien detalló que la mayor parte de los adolescentes toma fernet, una bebida a la que muchos consideran un digestivo, pero que sin embargo tiene 45 grados de alcohol, una altísima concentración que lleva a la ebriedad con poco consumo.

Lo mismo ocurre con el gin o el tequila. Los adolescentes suelen mezclar esas bebidas blancas con energizantes. Estas últimas enmascaran los síntomas de ebriedad, lo que les permite tomar más. Pero como los efectos del energizante duran poco en el organismo, poco tiempo después de tomarlo caen abruptamente bajo los efectos del alcohol.

Quilmes Presente – Argentina

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