Por Dr. Daniel Cassola
Cada vez son menos los impuestos y servicios que envían al domicilio la factura en papel, ya que con un mail se suple esa función. Para la mayoría de la población esto puede significar un avance, además de ser mejor para el medio ambiente reducir el uso de papel.
Pero hay un sector de la población para la que la digitalización puede significar un obstáculo: son los adultos mayores. Se estima que en el país viven unos seis millones de mayores de 65 años. De ellos, el 70% no usa Internet, el 83% no usa computadora y el 44% no usa teléfono celular, según los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec.
Significa que la inclusión digital de esta población está lejos de ocurrir y no va a suceder porque se los obligue a cambiar sus formas de pago. Entre los que tienen mayor nivel educativo, el uso de Internet es mayor. Pero, sólo los adultos mayores que tienen estudios universitarios completos tienen las mismas tasas de uso de Internet que la población general: el 70% lo utiliza con frecuencia.
Los especialistas en tercera edad confirman que estos cambios tienen un efecto negativo en los adultos mayores. «Refuerzan la dependencia de otros y lo que quieren las personas mayores que están en buenas condiciones es ser autónomos. Sentir que pueden hacer las cosas por sí mismos, aunque reciban ayuda. Sino, sienten que viven en un mundo en donde ellos dejaron de ser compatibles», explica Enrique Amadasi, coordinador del capítulo Adultos Mayores del Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).
«Se trata de una población que en algunos casos viene resistiendo por años su incorporación al mundo digital. Sobre todo los más grandes. Y ahora sienten que lo tienen que hacer en forma compulsiva. No lo van a lograr así. Esta es una generación que puede subir de a un escalón por vez. No se los puede empujar a saltar cuatro escalones juntos», apunta Amadasi.
Guardar los comprobantes del pago de los servicios por lo menos dos años, preferir pagar todo con dinero en efectivo, hacer largas filas en las ventanillas del banco en lugar de usar el cajero automático, explica Amadasi, son señales de una generación que necesita la tangibilidad para sentir seguridad. Despojarlos de esa tangibilidad, por el contrario, refuerza su incertidumbre de vivir en un mundo digital y bancarizado.









