La resistencia a los antibióticos es un problema de salud pública que ha sido catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las principales amenazas que enfrenta la humanidad en la actualidad.
Por Dr. Daniel Cassola
Según el Grupo de Coordinación Interorganismos sobre Resistencia a los Antimicrobianos (IACG) de las Naciones Unidas, las enfermedades farmacorresistentes podrían provocar más de 10 millones de muertes para el año 2050. Este desafío apremiante será uno de los temas destacados en el programa de BIOSPAIN 2023, un evento crucial para el sector de la biotecnología que se llevará a cabo en Barcelona del 26 al 28 de septiembre, organizado por AseBio en colaboración con Biocat, el Ajuntament de Barcelona y la Generalitat de Catalunya.
La resistencia a los antibióticos plantea una amenaza doble. Por un lado, aumenta los riesgos asociados a las intervenciones quirúrgicas que salvan vidas, y por otro lado, debilita los sistemas sanitarios, especialmente en países de ingresos medios y bajos. Actualmente, alrededor de 700,000 personas mueren cada año en todo el mundo debido a la resistencia a los antibióticos, y cada vez más enfermedades comunes, como las infecciones respiratorias, las de transmisión sexual y las del tracto urinario, carecen de tratamientos efectivos.
La situación es crítica debido al uso incorrecto de los antibióticos, lo que ha llevado a una pérdida de eficacia de estos medicamentos a un ritmo alarmante. Si no se controla, Europa podría retroceder a una era previa a los antibióticos, cuando las infecciones comunes podían resultar mortales. El problema es aún más preocupante cuando se trata de la selección de resistencias a los antibióticos de último recurso, utilizados en infecciones graves y cuando no hay otras opciones terapéuticas viables.
Sin embargo, hay razones para la esperanza. Actualmente, se están desarrollando cerca de 90 medicamentos destinados a combatir las infecciones resistentes a los tratamientos existentes. Estos fármacos tienen como objetivo enfrentarse a 17 patógenos distintos, y muchos de ellos se están probando en varios de estos patógenos simultáneamente.
En Europa, el problema de la resistencia a los antimicrobianos está empeorando. Según un informe de la OMS y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), se observan altos niveles de resistencia a antibióticos de última generación en varios países europeos. A pesar de que la mayoría de los países han implementado planes de acción nacionales para combatir esta resistencia, el desafío radica en garantizar que estos planes cuenten con un respaldo sólido y una financiación adecuada.
Las bacterias multirresistentes causan alrededor de 33,000 muertes al año en Europa y generan un gasto adicional de alrededor de 1,500 millones de euros en el sistema de salud. Además, una encuesta paneuropea sobre la resistencia a los antimicrobianos revela que la mitad de los europeos todavía creen erróneamente que los antibióticos son eficaces contra los virus, a pesar de que el 23% admitió haber tomado antibióticos por vía oral en el último año, la cifra más baja desde 2009.
Esta crisis no es nueva. En 2014, un informe sobre resistencia antimicrobiana señaló que las bacterias multirresistentes causaban alrededor de 50,000 muertes en Europa y Estados Unidos cada año. Sin embargo, años después, se estimó que esta cifra superaba los 1.27 millones de muertes anuales a nivel global debido a la resistencia a los antimicrobianos. Como consecuencia de esta situación, la Comisión Europea adoptó en abril una propuesta de Recomendación del Consejo para intensificar las acciones de la UE contra la resistencia a los antimicrobianos, con un enfoque en la salud única (‘One Health’).
En el caso de España, el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) 2022 estima que alrededor de 4,000 personas mueren cada año en el país debido a enfermedades resistentes a los antimicrobianos. Aunque se ha logrado una reducción significativa en el consumo de antibióticos en España, es necesario continuar trabajando para controlar este problema.
La perspectiva global es fundamental para abordar esta crisis. La emergencia y propagación global de bacterias altamente resistentes, especialmente aquellas que son resistentes a antibióticos de último recurso, representan una amenaza significativa para los pacientes, los sistemas de salud y la economía en general.









