La obesidad infantil se ha convertido en uno de los problemas de salud que más preocupan a padres y médicos pediatras. Esto se debe a que cada vez es mayor la población de niños que la padecen.
Por Dr. Daniel Cassola
Hoy en día, es muy frecuente observar a niños con sobrepeso y, si no se controla de manera preventiva desde temprana edad, se pone en riesgo su salud a largo plazo. Es probable que en la etapa adulta se conviertan en personas obesas, con todas las consecuencias negativas que ello conlleva.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha catalogado la obesidad infantil como una epidemia que genera mucha preocupación a nivel global. En Argentina, por ejemplo, la obesidad infantil ha aumentado significativamente, ubicándose como el segundo país con la tasa más alta de sobrepeso en menores de cinco años. De acuerdo con estudios recientes, diversos factores agravan el problema, por lo que la prevención es la herramienta más importante para combatir esta situación.
Según los datos obtenidos para América Latina, entre un 20% y un 25% de niños y adolescentes presentan sobrepeso y obesidad. En Argentina, las cifras siguen una tendencia similar a la de otros países de la región. El 7.3% de los niños menores de cinco años padecen obesidad, de acuerdo con informes de la FAO y la OMS.
Para prevenir la obesidad infantil, se ofrecen tres recomendaciones fundamentales: inicio inmediato de la lactancia materna desde la primera hora de vida, lactancia exclusiva hasta los 6 meses, y luego incorporación de alimentación complementaria durante la primera infancia, e introducción de alimentos sólidos complementarios a partir de los 6 meses, asegurando que sean inocuos y nutricionalmente adecuados. La lactancia materna debe mantenerse al menos hasta los dos años de vida, y si es posible, un poco más.
La obesidad infantil es más un tema de malnutrición que de comer en exceso. Por lo tanto, no se resuelve solo con reducir la cantidad de alimentos que se ingieren, sino que también se deben aplicar medidas educativas y promover hábitos de vida saludables. Además de las recomendaciones mencionadas, la búsqueda de alimentos saludables y la actividad física regular son opciones sencillas para controlar la obesidad.
Para jóvenes entre 5 y 17 años, la OMS recomienda actividades físicas como juegos, deportes, desplazamientos, actividades recreativas, educación física o ejercicios programados que mejoren las funciones cardiorrespiratorias. La práctica debe realizarse entre 30 y 60 minutos diarios, dando prioridad a la actividad aeróbica.
Una forma efectiva de fomentar buenos hábitos alimenticios desde temprano es evitar que los niños y jóvenes consuman alimentos con exceso de grasas, sal y azúcares, especialmente la comida chatarra y las bebidas azucaradas, que carecen de los nutrientes necesarios. En lugar de dar dinero a los niños para que compren algo para almorzar en el colegio, es mejor prepararles un almuerzo con comida hecha en casa, balanceada y saludable. Esto no solo es beneficioso para prevenir la obesidad, sino también para evitar la aparición de otras enfermedades.









