En el cierre de la temporada 2024-2025 de dengue, el Ministerio de Salud de la Nación presentó un balance que no solo refleja cifras, sino también la consolidación de un modelo estratégico que busca cambiar la manera en que el país enfrenta esta enfermedad. La clave estuvo en la integración de herramientas tecnológicas, la coordinación interjurisdiccional y el fortalecimiento de los equipos sanitarios.
Por Dr. Daniel Cassola
El Plan Estratégico de Prevención y Control de Dengue 2024-2025 se diseñó con un enfoque de gestión integrada, donde la anticipación jugó un papel central. A diferencia de temporadas anteriores, esta vez se puso énfasis en prever escenarios epidemiológicos para desplegar acciones preventivas antes de que los brotes se intensificaran.
Una de las principales innovaciones fue el Mapa de Favorabilidad de Dengue, que permite identificar áreas con mayor riesgo de transmisión a partir de factores ambientales, sociodemográficos y epidemiológicos. Esta herramienta se complementó con sistemas de proyección que ayudaron a estimar la evolución de los casos en distintas etapas de la temporada.
Durante la temporada se notificaron 76.662 casos sospechosos, de los cuales 17.964 fueron confirmados. La región Centro fue la más afectada, con 15.270 casos, concentrados principalmente en Santa Fe (9.944) y Córdoba (4.477). En el NOA se reportaron 1.865 casos, en el NEA 513, en la región Sur 228 y en Cuyo 88.
Más allá de los números, el Ministerio destacó que este nuevo modelo de gestión permitió “optimizar recursos y mejorar la coordinación con las provincias”, lo que se tradujo en una “respuesta más ágil” frente a los focos más complejos.
Uno de los pilares de la estrategia fue la Red Nacional de Vigilancia Entomológica, que incorporó más de 1.400 sensores en 49 localidades de 15 jurisdicciones. Estos dispositivos detectan la presencia del mosquito transmisor y centralizan los datos, lo que posibilita monitorear su expansión, calcular índices larvarios y dirigir las acciones de prevención hacia las zonas de mayor riesgo.
Esta red representó un avance significativo al pasar de un esquema reactivo a uno proactivo, permitiendo planificar las fumigaciones, campañas de descacharrado y otras intervenciones con mayor precisión.
El Ministerio creó una Unidad Coordinadora para articular las líneas de acción entre Nación y provincias. A través del Tablero Nacional de Control de Dengue, las jurisdicciones accedieron en tiempo real a información epidemiológica, entomológica, laboratorial y de vacunación, discriminada por provincia y departamento. Esto facilitó la adaptación de medidas locales según el escenario particular de cada territorio.
La red de diagnóstico también se reforzó, ampliando la capacidad de los laboratorios para confirmar casos con mayor rapidez. Este fortalecimiento fue clave para reducir los tiempos de respuesta frente a la circulación viral.
Otro aspecto central fue la capacitación de los equipos de salud. Más de 20.000 profesionales recibieron formación en manejo clínico de dengue, reorganización de servicios y seguimiento domiciliario. Además, se consolidó una red federal de formadores que garantizó la actualización continua de conocimientos en todas las jurisdicciones.
Gracias a este trabajo, el país logró mejorar la detección temprana de casos graves y evitar la saturación de los hospitales. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) reconoció esta experiencia como modelo de referencia para otros países de la región.
Las autoridades sanitarias resaltaron que este plan no solo fortaleció la respuesta frente al dengue, sino que también sentó las bases para un nuevo modelo de gestión sanitaria. Este esquema permite anticipar escenarios, corregir desvíos en tiempo real y complementar la respuesta a otros eventos, como brotes de sarampión o enfermedades respiratorias.
En palabras del propio Ministerio, la estrategia dejó como legado un sistema de salud más preparado, coordinado y flexible, capaz de enfrentar tanto emergencias recurrentes como amenazas inesperadas.









