Un estudio reveló déficit en alimentación, ejercicio y descanso entre los argentinos: la influencia de la educación y el género

La salud integral de los argentinos atraviesa un escenario preocupante. Así lo refleja el informe “Salud argentina: hábitos y estilos de vida”, elaborado por el Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21, dependiente de la Universidad Siglo 21.

Por Dr. Daniel Cassola

La investigación advierte que la mayoría de la población adulta no alcanza los niveles recomendados de actividad física, alimentación saludable ni descanso reparador. La encuesta, que abarcó a 1.050 personas en siete ciudades del país, reveló además profundas brechas ligadas a la edad, el género y, sobre todo, al nivel educativo.

El estudio, liderado por la doctora en psicología Fátima González Palau, plantea que la educación opera como un eje central en la adopción de prácticas saludables. A mayor formación académica, mejores indicadores de ejercicio, nutrición, descanso, controles médicos y percepción de apoyo social. La juventud, en cambio, aparece como el grupo más vulnerable frente a la falta de hábitos protectores.

Uno de los hallazgos más contundentes se vincula con la inactividad física. El 78,8% de los argentinos no llega a cumplir con los 150 minutos semanales de ejercicio moderado sugeridos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La situación es más crítica entre los jóvenes de 18 a 29 años: solo el 15,3% cumple esa meta. En el grupo de 40 a 49 años el cumplimiento trepa al 24,8%, mientras que entre los adultos mayores de 60 a 65 años desciende al 21,5%. La inactividad, advierte el informe, representa un riesgo persistente para el bienestar físico y emocional y se asocia con un incremento en enfermedades crónicas.

El panorama nutricional tampoco resulta alentador. Apenas el 26,8% de la población consume frutas y verduras a diario, cifra muy por debajo de la ingesta mínima de 400 gramos recomendada por la OMS. Entre los jóvenes, la proporción se reduce aún más: solo el 16,2% cumple con este hábito, mientras que entre los adultos mayores de 60 a 65 años asciende al 33,9%.

El género introduce una diferencia significativa: las mujeres presentan una mayor incorporación de estos alimentos, con un 33,3% frente al 20,1% de los hombres. El nivel educativo, una vez más, marca una brecha clara: apenas el 21,4% de quienes solo completaron la primaria consume frutas y verduras diariamente, mientras que la cifra aumenta al 38% entre quienes alcanzaron la universidad completa y llega aún más alto en quienes cuentan con posgrado.

El sueño es otro de los aspectos donde se observa un deterioro. Más de la mitad de los encuestados (51,2%) duerme menos de siete horas por noche, el umbral mínimo recomendado por la OMS para adultos. El déficit se observa en todas las franjas etarias, aunque los adultos de 30 a 39 años logran mejores indicadores, con un 53,4% que cumple con la recomendación. En el segmento de 40 a 49 años, en cambio, solo el 43,5% alcanza esa meta.

El uso recreativo de dispositivos electrónicos se suma como un factor que impacta en los hábitos de bienestar. Casi seis de cada diez argentinos pasan más de dos horas diarias frente a pantallas fuera del ámbito laboral o académico. Entre los jóvenes de 18 a 29 años, el fenómeno es aún más marcado: el 75% supera ese tiempo y uno de cada cinco pasa más de cuatro horas al día conectado a redes sociales.

El informe también analizó la frecuencia de los controles médicos preventivos. Aunque el 75,5% de la población asegura realizar chequeos con alguna regularidad, las diferencias generacionales son claras. Apenas el 35% de los jóvenes recurre a controles periódicos, frente a más del 55% de los mayores de 50 años. Por género, las mujeres muestran una mayor adhesión (84%) frente a los hombres (66,3%). En el nivel educativo más bajo, la proporción cae al 62,8%, mientras que el 93% de quienes poseen estudios de posgrado sí realizan controles preventivos.

La directora de Insight 21, Florencia Rubiolo, subrayó que la juventud es el grupo más expuesto y que la educación constituye la herramienta más sólida para promover prácticas saludables. El informe concluye que los indicadores ponen en evidencia la necesidad de repensar las estrategias preventivas y las políticas públicas.

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