La sífilis, una infección de transmisión sexual que tiene diagnóstico sencillo y tratamiento efectivo, atraviesa uno de los momentos de mayor expansión en Argentina.
Por Dr. Daniel Cassola
Los datos más recientes del Ministerio de Salud de la Nación muestran que durante 2025 se registró la cifra más alta desde que existen estadísticas oficiales: 46.799 casos confirmados, equivalentes a una tasa de 117,2 diagnósticos cada 100.000 habitantes.
El aumento no constituye un hecho aislado. Los especialistas vienen observando desde hace varios años una tendencia sostenida al crecimiento de esta enfermedad, impulsada por múltiples factores. Entre ellos sobresalen la disminución del uso del preservativo, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes, una mayor disponibilidad de pruebas diagnósticas y el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia epidemiológica, que permiten detectar y notificar más casos.
Aunque la sífilis puede afectar a personas de cualquier edad, el Boletín Epidemiológico Nacional señala que la mayor incidencia se concentra entre los 15 y los 39 años. Se trata del grupo con mayor actividad sexual y donde, según diversos estudios, también se registra una menor percepción del riesgo frente a las infecciones de transmisión sexual.
Los infectólogos advierten que el abandono progresivo del preservativo constituye uno de los principales desafíos para la salud pública. En los últimos años, el temor al VIH disminuyó gracias a los avances terapéuticos y a las estrategias de prevención, pero esa mayor confianza también derivó en una reducción del uso sistemático de métodos de barrera, favoreciendo el aumento de otras infecciones como la sífilis.
A diferencia de otras enfermedades, la sífilis presenta una particularidad que facilita su propagación: muchas personas desconocen que están infectadas porque los síntomas iniciales suelen ser leves o desaparecen espontáneamente sin tratamiento.
La infección es causada por la bacteria Treponema pallidum y se transmite principalmente durante las relaciones sexuales sin protección. También puede pasar de una mujer embarazada al bebé durante la gestación, situación conocida como sífilis congénita, que puede ocasionar graves complicaciones e incluso la muerte fetal si no se detecta y trata oportunamente.
Precisamente por ese motivo, los controles prenatales incluyen estudios obligatorios para detectar la infección durante el embarazo. Cuando el diagnóstico se realiza a tiempo, el tratamiento reduce significativamente el riesgo de transmisión al recién nacido.
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es que la enfermedad puede avanzar durante meses o incluso años sin generar manifestaciones evidentes. En su etapa inicial suele aparecer una pequeña úlcera, denominada chancro, generalmente indolora y localizada en los genitales, la boca o el ano. Al no producir molestias importantes, muchas personas no consultan al médico y la lesión desaparece sola al cabo de algunas semanas.
Sin embargo, la desaparición del chancro no significa que la infección haya sido eliminada. Sin tratamiento, la bacteria continúa multiplicándose y la enfermedad evoluciona hacia nuevas etapas. Posteriormente pueden aparecer erupciones en la piel, lesiones en las mucosas, fiebre, inflamación de ganglios, caída del cabello y otros síntomas muy variados.
Por esa diversidad de manifestaciones, la sífilis es conocida desde hace décadas como «la gran simuladora», ya que puede confundirse con numerosas enfermedades dermatológicas, infecciones virales e incluso trastornos autoinmunes.
Existe además un período denominado fase latente, durante el cual la persona infectada no presenta síntomas visibles. El único modo de confirmar el diagnóstico en esa etapa es mediante un análisis de sangre, razón por la cual los especialistas recomiendan realizar controles periódicos cuando existen prácticas sexuales de riesgo.
Si la infección permanece sin tratamiento durante años, puede comprometer órganos como el corazón, el sistema nervioso, el cerebro y los huesos, provocando complicaciones potencialmente graves.
A pesar del incremento de los casos, la buena noticia es que la sífilis es una enfermedad curable. El tratamiento de elección sigue siendo la penicilina, un antibiótico al que la bacteria mantiene una elevada sensibilidad. La cantidad de dosis dependerá del estadio en que se detecte la infección y resulta fundamental que las parejas sexuales también reciban tratamiento para evitar nuevas transmisiones.
El uso correcto del preservativo sigue siendo la herramienta más eficaz para disminuir el riesgo de contagio durante las relaciones sexuales. A ello se suman la consulta médica ante cualquier lesión genital o síntoma sospechoso, la realización de estudios serológicos cuando existe riesgo de exposición y el acceso oportuno al tratamiento.
En el caso de las embarazadas, cumplir con los controles prenatales adquiere una importancia aún mayor, ya que permite detectar la infección precozmente y evitar la transmisión al bebé.
Frente a un escenario de crecimiento sostenido, las autoridades sanitarias destacan la necesidad de fortalecer las campañas de educación sexual, ampliar el acceso al diagnóstico y promover el uso del preservativo.









