Se hizo por primera vez en el Hospital de Niños. Sufrió un aneurisma, un trastorno muy poco frecuente en la infancia. Se recupera sin secuelas.
Cuando Esnelda, de tan solo 10 años, ingresó al Hospital de Niños Sor María Ludovica de nuestra ciudad, los médicos no imaginaron que había sufrido un ACV hemorrágico provocado por un aneurisma, un trastorno que es muy poco frecuente en la infancia y que sólo se da en el 3 por ciento de los chicos que sufren accidentes cerebrovasculares.
Luego de un diagnóstico rápido, la paciente fue intervenida con éxito mediante un procedimiento mínimamente invasivo que nunca se había practicado en niños. La nena, oriunda de la localidad bonaerense de Cañuelas, llegó en un estado de somnolencia y confusión luego de haberse desmayado. Pronto, el equipo de neurólogos del Ludovica le practicó un examen mediante un angiógrafo digital, un aparato que estudia los vasos circulatorios a partir del cual le diagnosticaron el aneurisma.
Las opciones eran dos: someterla a una cirugía tradicional de alto riesgo, o intervenirla mediante un procedimiento menos invasivo, pero que jamás se había practicado en niños. «Optamos por la Embolización porque es un tratamiento endovascular que no deja lesiones ya que no hay que realizar cortes en el cerebro, el post operatorio es más fácil de transitar y la técnica dura tan sólo una hora», explicó el jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital de Niños, Marcelo D’agustini. Para llevar adelante la técnica, el equipo médico del Ludovica se comunicó con Eduardo Tejado, neurocirujano del Hospital San Martín de nuestra ciudad y especialista en procedimientos endovasculares. «Como nunca se había practicado en niños, tardamos dos días en realizar la intervención porque no teníamos catéteres tan pequeños como los que necesita una nena de esa edad, de menos de 2 milímetros», señaló D’agustini. La técnica consiste en la colocación de pequeños espirales o coils de metal blando que ayudan a obstruir el flujo de sangre.
Durante la intervención se inserta un catéter a través de la piel y dentro de la arteria femoral y, con el uso de guía por imágenes, se lo maniobra a través del cuerpo hasta llegar a las arterias intracraneales donde se encuentre el aneurisma. «El cuerpo responde produciendo cicatrización alrededor de los espirales o coils, lo que ayuda a obstruir el flujo de sangre hacia dentro del aneurisma, previniendo así que el mismo se rompa», señaló el doctor Tejado. «Sucede que si se repite un ACV hemorrágico, las posibilidades de que el paciente no sobreviva ascienden al 80 por ciento», agregó. Cabe destacar que un aneurisma es una dilatación similar a un globo que se produce en las paredes de las arterias. La presión que ejerce la sangre sobre esa área puede romper esa pequeña ampolla, lo que provoca un sangrado dentro de la cabeza.
El origen de los aneurismas puede ser diverso: algunos se desarrollan durante la vida por causa de la hipertensión, el tabaquismo o el abuso de otras sustancias, mientras que también pueden estar presentes desde el nacimiento. «En el caso particular de Esnelda, es muy probable que el aneurisma sea congénito», explicó el doctor D’agustini. Si bien la mayoría de estos trastornos suelen ser asintomáticos, cuando aún no se han roto pueden provocar cefalea, un dolor de cabeza fuerte que por lo general antecede a la ruptura. Sólo el 3 % Es más común que los adultos sufran un accidente cerebrovascular por aneurisma, pero en los niños esa posibilidad es mínima y alcanza solo al 3 % de los casos. Por lo general, los ACV en la infancia están vinculados a problemas en la sangre o a otras malformaciones arteriovenosas.
Fuente: Sin Mordaza









