Por Dr. Daniel Cassola
La Corte Suprema de Justicia de la Nación emitió un fallo en el que sostiene que el acceso al agua potable es un derecho humano que los jueces deben hacer respetar.
Esto sucede por una demanda iniciada por un grupo de vecinos de 9 de julio en el centro de la provincia de Buenos Aires, donde se detectaron niveles de arsénico que ponen en riesgo a parte de la población.
El arsénico es un elemento químico sumamente tóxico para el ser humano. Se calcula que en Argentina hay 4 millones de habitantes que están en contacto con el arsénico, porque se encuentra presente en el agua, por acción natural. Esto tiene que ver con las características de nuestro suelo.
El contacto prolongado con el arsénico puede provocar enfermedades. La que más comúnmente se asocia a él es el HACRE, hidroarsenicismo crónico regional endémico, pero también puede provocar diabetes, hipertensión y neuropatías. Además, está clasificado como factor carcinogénico.
El arsénico no altera el sabor del agua, por lo que la población puede consumirla sin tener conocimiento de lo que ingiere. Por lo tanto, las consecuencias tóxicas se observan con demora, entre los 5 y 10 años de iniciado el consumo de agua contaminada. Incluso, las lesiones pueden malignizarse después de la década.
El tiempo que tarda en manifestarse el HACRE es variable y está relacionado con el estado de salud de la persona, la sensibilidad individual, el estado nutricional, la ingesta diaria, la concentración de arsénico en el agua de consumo y el tiempo de exposición.
Un estudio realizado por el Ministerio de Salud de la Nación en el 2006 sostiene que los efectos tóxicos del arsénico afectan a personas de todas las edades, pero principalmente a aquellas que viven en la pobreza y desnutrición. De esta manera, se han identificado como grupos susceptibles a niños, mujeres embarazadas y en lactancia, individuos con estado nutricional deficitario e individuos con enfermedades preexistentes (sobre todo renales y hepáticas).
El arsénico no puede removerse del agua sino es a través de un filtro diseñado con tal fin. Al hervir el agua, la concentración del elemento aumenta, por lo que tampoco hay que cocinar con agua que se presume contaminada.
Lo que es cierto es que la problemática del HACRE y de la contaminación del agua con arsénico todavía no ha sido abordada con seriedad por ninguna autoridad, con excepción de la Corte Suprema.
El acceso al agua potable es un derecho que hay que hacer cumplir.










