El cerrajero, la suerte y las armas que carga el diablo

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La policía federal en el lugar del hecho.

Por Dr. Daniel Cassola

Los medios y buena parte de la sociedad de la Ciudad de Buenos Aires están conmocionados por el crimen del cerrajero, un asesinato que se produjo ayer por la mañana en el Microcentro porteño. Daniel De Negris murió de forma absurda al recibir un disparo por la espalda. El tiro fue efectuado por el abogado Guillermo Martinero, quien un instante antes habría sido robado por motochorros.

Al intentar abatir a los asaltantes el hombre, que por estas horas se encuentra detenido, impactó un disparo con una pistola Glock en la espalda del cerrajero, que caminaba por la calle. La secuencia está registrada por una cámara de seguridad y se está transmitiendo a todo momento en todos los canales de noticias.

A raíz de este suceso, que está suscitando un debate público entre abogados penalistas por la carátula del hecho, se pone bajo la luz la problemática del uso de armas de fuego. Un informe del Ministerio de Salud de la Nación revela que se producen ocho muertes por día por el uso (o mal uso) de armas de fuego.

Según la directora del Instituto de Estudio Comparado de Ciencias Penales y Sociales (Inecip), Aldana Romano, el arma implica un riesgo y de las ocho muertes que se producen por día, la mayoría son por conflictos interpersonales. A su vez, Alejandra Otamendi, investigadora del Instituto Gino Germani, sostiene que “las armas no son un mecanismo eficaz de protección ante hechos de violencia, sino que implican un riesgo para quienes las usan”.

En Argentina en total hay alrededor de un arma en circulación cada diez habitantes. Son 4 millones en total, excluyendo a las reglamentarias de las distintas fuerzas de seguridad. Hay dos millones que tienen registro en el Renar, el Registro Nacional de Armas, y otros dos millones que están “en negro”, producto del mercado ilegal.

Por estas horas tanto las autoridades del Renar como el ministro de Justicia, Germán Garavano, se han pronunciado a favor del desarme. En principio, se buscaría restringir la portación de armas elevando los requisitos y estudios necesarios.

El problema es que la portación y utilización de armas no solo afecta la seguridad de quienes las llevan sino que, como demuestra el caso del desafortunado cerrajero, puede incidir fatalmente en la vida de terceros.

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