El plan global que posiciona a Argentina en la preparación ante futuras pandemias

La comunidad científica internacional coincide en un punto: la aparición de una nueva pandemia es una cuestión de tiempo. Aunque aún no se sabe qué virus podría provocarla ni cuándo ocurrirá, el mundo ya trabaja en estrategias para responder con mayor rapidez que en crisis sanitarias anteriores. En ese contexto, una de las metas más ambiciosas consiste en desarrollar y producir una vacuna en apenas 100 días desde la identificación de un nuevo patógeno.

Por Dr. Daniel Cassola

Este objetivo forma parte de una estrategia global impulsada por organismos sanitarios internacionales para mejorar la preparación ante emergencias sanitarias. Dentro de ese plan, América Latina busca fortalecer su capacidad de producción regional, y Argentina aparece como uno de los países con mayor potencial para desempeñar un rol relevante.

Durante una reciente visita al país, el director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) evaluó los avances locales en materia de producción de tecnologías sanitarias. La agenda incluyó reuniones con autoridades del sistema de salud y un recorrido por una nueva planta biotecnológica ubicada en Garín, en la provincia de Buenos Aires.

La instalación, que abarca alrededor de mil metros cuadrados, fue diseñada para producir vacunas utilizando tecnología de ARN mensajero, la misma plataforma utilizada en algunas de las vacunas desarrolladas durante la pandemia de COVID-19. Se trata de un avance significativo para la región, que durante la última crisis sanitaria enfrentó dificultades para acceder a insumos críticos y vacunas en las primeras etapas de la emergencia.

La importancia de contar con capacidad productiva local radica principalmente en reducir la dependencia de importaciones en situaciones de alta demanda global. Durante la pandemia, muchos países de América Latina tuvieron dificultades para acceder a suministros básicos, desde equipos de protección hasta oxígeno medicinal y vacunas.

El desafío actual es acortar los tiempos de respuesta frente a nuevas amenazas. Durante la pandemia de COVID-19, el desarrollo de las primeras vacunas se logró en aproximadamente un año, un proceso considerado extraordinariamente rápido para los estándares científicos. Sin embargo, ese plazo resultó insuficiente para frenar la expansión inicial del virus.

La tecnología de ARN mensajero permite acelerar ese proceso. A diferencia de los métodos tradicionales de producción de vacunas, esta plataforma puede adaptarse con rapidez a distintos virus. Una vez identificado el material genético del patógeno, los científicos pueden diseñar en poco tiempo una vacuna candidata que luego debe atravesar distintas fases de evaluación.

Esta flexibilidad resulta especialmente relevante ante virus respiratorios con potencial pandémico, como nuevas cepas de influenza. El proyecto argentino forma parte de un programa internacional de transferencia tecnológica destinado a ampliar la capacidad de producción de vacunas en países de ingresos medios y bajos. La iniciativa seleccionó a un grupo de empresas en distintos continentes para desarrollar y adaptar la tecnología de ARN mensajero en sus regiones.

Además de esta plataforma, el país también trabaja en incorporar tecnologías de cultivo celular para la producción de vacunas antigripales, un sistema que reemplaza los métodos tradicionales basados en huevos embrionados de pollo. Este cambio permitiría escalar la producción con mayor rapidez en caso de emergencia sanitaria.

En paralelo, investigadores ya desarrollan prototipos de vacunas pandémicas contra cepas de influenza con potencial de transmisión global. Estas formulaciones podrían servir como base para adaptaciones rápidas ante la aparición de nuevos virus.

La experiencia de la pandemia dejó una lección clara para la comunidad internacional: la velocidad en la producción y distribución de vacunas puede marcar la diferencia entre contener una crisis sanitaria o enfrentar su expansión global.

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