El transporte público, el principal obstáculo para pensar en una nueva normalidad


Mientras los gobiernos esperan a los datos de los próximos días para definir la continuidad de la cuarentena, todos los planes de apertura chocan contra un sistema de transporte precario que puede ser el gran foco de contagio. Dentro del AMBA, la Ciudad y la provincia podrían volver a diferenciar sus restricciones.

Por Dr. Daniel Cassola

La excesiva centralización del trabajo y las empresas en la Ciudad de Buenos Aires llevaban a que millones de personas tengan que viajar todos los días desde distintos puntos de la provincia de Buenos Aires hacia el centro. Desde marzo, cuando el coronavirus llegó a la Argentina, la circulación se redujo a mucho menos de la mitad, dependiendo de la fase de la cuarentena en la que se haya estado.

La pandemia dejó expuestas muchas falencias en la organización de la sociedad. Una de las que parece más insalvable es la precariedad del sistema de transporte público en el área metropolitana de Buenos Aires. En condiciones normales, viajar en horas pico, que en los últimos tiempos se habían extendido de 8 a 10 y de 16 a 19, era engorroso, molesto y, peor aún, sumamente lento. Para llegar a un trabajo cientos de miles de personas tenían que tomar entre dos y tres medios de transporte. Colectivo, tren, subte.

Las redes de colectivos carecen de una organización centralizada y dependen de los recorridos que las empresas diseñan. Los trenes, si bien han mejorado su infraestructura luego de la Tragedia de Once, colapsan en horas pico. Los subtes también, aunque su alcance es mucho menor ya que ni siquiera llegan a los bordes de la Capital. En todos los casos un viaje en situaciones normales supone hacinamiento, incomodidad y cientos de contactos por día. Cualquiera que haya viajado en alguno de estos medios lo sabe.

El peor momento del contagio llega al AMBA en tiempos de agotamiento social. La cuarentena estricta se respeta moderadamente. Si bien el uso de tapabocas ha sido adoptado masivamente, ya mucha gente no tolera el encierro domiciliario. Por otra parte, distintas ramas del comercio buscan abrir a toda costa para evitar el cierre definitivo. Las peluquerías, por poner un ejemplo, no tienen ingresos desde marzo.

Con más de 3000 casos confirmados por día, los funcionarios de las áreas de salud de capital y provincia comienzan a ver que la curva se ameseta, pero cada vez se trata de una meseta con mayor altura. Desde marzo la tendencia de los contagios siempre fue, con menor o mayor fuerza, hacia arriba. El pico, por definición el punto más alto, todavía no está claro. Para señalarlo es necesario que los contagios comiencen, aunque sea moderadamente, a bajar.

Si bien el diálogo entre jurisdicciones se mantiene y las relaciones se dan en un marco de cordialidad, es más que probable que capital y provincia decidan aperturas distintas. En tierras porteñas se volverá a autorizar el ejercicio al aire libre en horarios restringidos. Los ‘runners’ se convirtieron en una suerte de símbolo de la cuarentena, y desde el gobierno que comanda Horacio Rodríguez Larreta ven con buenos ojos permitir que puedan realizar actividad. En la provincia de Buenos Aires buscarán que la población continúe lo más quieta posible, sobre todo se busca evitar el transporte entre jurisdicciones. Claro que si más negocios abren aquí y allá, habrá trabajadores que tengan que desplazarse para llegar a sus puestos de trabajo.

Y así volvemos al comienzo, con el transporte público en el centro de la cuestión. Es imposible liberar los viajes en subtes, colectivos y trenes sin generan una explosión de contagios. El sistema funciona si sus usuarios toleran el máximo posible de incomodidad, con abarrotamientos y empujones incluidos. En un marco de crisis económica total como el actual quizás no aparezca como una prioridad, pero pensar en un mejor sistema de transporte público puede ser una inversión necesaria para el futuro.

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