Fibrilación auricular: un desafío creciente para la salud en Argentina y América Latina

La fibrilación auricular (FA), la arritmia más común a nivel mundial, se ha convertido en un problema de salud pública de magnitud creciente, tanto en Argentina como en América Latina. De acuerdo con datos del Global Burden of Disease, esta afección afecta actualmente a 59,7 millones de personas en todo el mundo. Este tipo de arritmia, que altera el ritmo cardíaco normal, puede presentarse de manera asintomática, lo que hace aún más compleja su detección y tratamiento oportuno.

Por Dr. Daniel Cassola

En Argentina, se estima que aproximadamente 312.000 personas conviven con fibrilación auricular, lo que representa un 0,71% de la población nacional. A nivel regional, más de 2,5 millones de personas padecen esta condición, y las proyecciones indican un incremento del 27% en los próximos cinco años. La Organización Mundial de la Salud ya la ha clasificado como una epidemia cardiovascular, dado su creciente impacto en los sistemas de salud.

La FA se manifiesta cuando las aurículas del corazón laten de forma rápida e irregular debido a un fallo en la actividad eléctrica. Esta descoordinación del ritmo cardíaco puede tener consecuencias graves si no se detecta a tiempo, incluyendo accidentes cerebrovasculares (ACV) y muerte súbita cardíaca. El Dr. Guillermo Carnero, cardiólogo y electrofisiólogo del Hospital Universitario Fundación Favaloro, subraya que la ausencia de síntomas no significa que el riesgo esté ausente. De hecho, muchas veces la FA se detecta de manera fortuita durante estudios médicos de rutina.

Entre los síntomas más comunes se encuentran las palpitaciones, la fatiga, la disnea, el malestar general, los mareos, la ansiedad y el dolor en el pecho. Sin embargo, muchas personas no presentan manifestaciones claras, lo que retrasa el diagnóstico. Esta patología afecta especialmente a los adultos mayores: ocho de cada diez pacientes con FA tienen más de 65 años, aunque su incidencia comienza a incrementarse a partir de los 40 años y alcanza su punto máximo a los 80.

Los factores de riesgo asociados a la FA son numerosos. Las personas con hipertensión arterial, diabetes tipo 2, obesidad o apnea del sueño presentan una mayor predisposición. A su vez, hábitos poco saludables como el tabaquismo, el consumo de alcohol y el uso de drogas pueden funcionar como desencadenantes. Las estadísticas también reflejan el riesgo significativo que implica padecer esta arritmia: duplica la probabilidad de muerte por cualquier causa y multiplica por 2,4 el riesgo de ACV. De hecho, se estima que hasta el 30% de los accidentes cerebrovasculares están vinculados con la fibrilación auricular.

Frente a este panorama, la detección precoz y el tratamiento adecuado son fundamentales. El Dr. Carnero destaca que mediante estudios como el electrocardiograma y monitoreos ambulatorios es posible identificar la FA incluso en pacientes sin síntomas, lo que permite iniciar tratamientos preventivos y mejorar la calidad de vida. Las estrategias terapéuticas incluyen tanto el uso de fármacos antiarrítmicos como procedimientos de ablación con catéter. Aunque los medicamentos son la primera línea de tratamiento, su efectividad para mantener el ritmo cardíaco normal varía entre el 40% y el 60%. En contraste, la ablación con catéter ofrece tasas de éxito superiores, con una efectividad de hasta el 90% en la prevención de recurrencias.

La ablación con catéter, y en particular la ablación por radiofrecuencia, ha evolucionado considerablemente gracias al uso de tecnologías avanzadas de imágenes que permiten crear mapas tridimensionales del corazón en tiempo real. Esto posibilita a los especialistas una navegación precisa y segura por el interior del corazón durante el procedimiento, identificando con exactitud los puntos de origen de las señales eléctricas defectuosas que generan la arritmia.

Además de su alta efectividad clínica, la ablación precoz disminuye significativamente el riesgo de progresión de la enfermedad, reduce las probabilidades de sufrir un ACV o una insuficiencia cardíaca, y mejora indicadores clave de calidad de vida. Al tratarse de una técnica mínimamente invasiva, también implica menores tiempos de recuperación y complicaciones.

Con una carga creciente sobre los sistemas de salud en América Latina, el desafío es claro: detectar a tiempo, tratar con precisión y actuar con anticipación para mitigar los efectos de una afección que, aunque silenciosa, puede tener consecuencias devastadoras si no se enfrenta con el rigor necesario.

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