
Georgia fue destacado como un ejemplo en la lucha contra la corrupción por Transparencia Internacional.
Por Dr. Daniel Cassola
Existen una serie de prejuicios y tics que los argentinos hemos adoptado como propios. Es común que se asocie al ser nacional con el canchero, el que se las sabe todas. Y lamentablemente, es frecuente que se asocie al argentino con la corrupción.
Hay cientos de ejemplos que podemos citar para ilustrar esta situación. Incluso ex presidentes, como Jorge Battle de Uruguay, que han dicho que los argentinos son o somos todos corruptos.
En primer lugar, decir que somos todos corruptos es relativizar el problema. Somos todos significa que nadie es responsable de nada.
Por otra parte, existe otra manera de sacarse de encima el problema de la corrupción. Esto es, atribuyéndoselo a la naturaleza humana. Decimos que el hombre por naturaleza es corrupto y listo. Es la segunda operación falsa.
Si todo fuera lo mismo sería lo mismo vivir en Somalia o en Dinamarca. Nombramos a estos dos países porque son los dos extremos del último informe de la Organización Transparencia Internacional, siendo Somalia el país con más percepción de la corrupción y Dinamarca el más limpio, por llamarlo de alguna manera.
Otra cuestión que es errónea es el planteo que sostiene que contra la corrupción no se puede hacer nada. El mismo informe que citamos anteriormente brinda información sobre países que han mejorado, y mucho, su situación de transparencia.
Nombramos un solo caso, que resulta el más ilustrativo. Nos referimos a un país que es prácticamente desconocido para los argentinos. Se trata de Georgia, una nación ubicada al sur de Rusia que con anterioridad formaba parte de la Unión Soviética.
Transparencia Internacional ubicó a Georgia en el puesto 55 del ranking, pero luego de haber estado en el escalón número 99. O sea, se trata de un ascenso fenomenal, lo que indica que en ese país se sostuvieron políticas contra la corrupción.
¿Cuál es el secreto de los georgianos? Primero decisión política y luego cero impunidad. El nuevo gobierno que asumió en Georgia en 2004 redujo en un 85 por ciento las licencias que emitía el Estado, gran fuente de corrupción. O sea, el primer paso fue eliminar la burocracia innecesaria que genera gastos para los ciudadanos.
La segunda medida fue también un fuerte mensaje para la sociedad. En los primeros años del gobierno, fueron encarcelados por hechos de corrupción el ministro de Energía y el de Transportes y Comunicación. También cumple una sentencia en prisión el presidente de la Asociación de Fútbol de ese país.
Esto quiere decir que para combatir a la corrupción lo que hay que cambiar son las reglas, los procedimientos y los controles, y no la idiosincrasia de la población.
Por si no lo saben, en el ranking de Transparencia Internacional, Argentina ubica el puesto número 106 junto a Bolivia, Gabón, México y Níger.









