Más de cien mil casos positivos en tres días: habrá mayores restricciones

28 mil el lunes, 35 mil el martes y 39 mil ayer miércoles marcan a la que por ahora es la semana más dura de la pandemia en Argentina. Con varias provincias en colapso sanitario y otras tantas al borde se determinarán nuevas medidas para restringir la circulación y tratar de evitar los contactos.

Por Dr. Daniel Cassola

¿Esperará el gobierno al sábado, cuando venza el decreto vigente, para implementar nuevas medidas más restrictivas? ¿Es sostenible una vuelta a la fase uno, la más dura de la cuarentena, lo que implica un cierre casi total? ¿Aguantará el sistema de salud los embates de una segunda ola más contagiosa y mortal que la primera? ¿Cuántas camas demandarán los cien mil positivos que se registraron en solo tres días?

Hay decenas de preguntas que por estas horas aparecen sin respuestas, o con variantes que en todos los casos resultan muy oscuras. El margen de todos los factores que influyen en la pandemia parecen estar agotándose. No hay acuerdo político, tolerancia social ni capacidad de repuesta del sistema de salud a muchos más contagios. Las vacunas no llegarán a tiempo para contener la segunda ola, son, en el mejor de los casos, una solución a mediano plazo.

El gobierno nacional y los gobernadores de las distintas provincias estudian más medidas en un clima de desconfianza mutua. Según allegados al presidente en muchas provincias se demora la carga de los datos sobre contagios y muertos para no tener que tomar medidas impopulares en un año electoral. Las diferencias explícitas en la gestión de la pandemia con otros gobiernos como el porteño o el mendocino están más a la luz desde hace rato.

Pero todos se están quedando sin margen de maniobra. “Con este nivel de circulación de personas y del virus, si no logramos transmitir a la población que se tienen que minimizar las salidas y hacer solamente las esenciales, el riesgo del aumento de casos es muy concreto. La comunidad ha normalizado el número de casos y de fallecidos”, expresó ayer la ministra de Salud Carla Vizzotti.

Fuera de la política las voces expertas de la salud pintan un panorama de terror. Cuando son consultados los infectólogos sostienen lo mismo desde hace tiempo. La segunda ola es más compleja que la primera porque las cepas que circulan hoy son más contagiosas y conllevan un mayor índice de mortalidad. Seguramente en unos días comience una etapa con restricciones más estrictas, aunque ya es posible que sea tarde para evitar escenas dramáticas.

Tanto en la Ciudad como para el resto del país se evalúa la posibilidad de cerrar todo menos los comercios vinculados a la alimentación y las farmacias durante el fin de semana.  Los gastronómicos deberían funcionar solo con delivery o retiro en la puerta. Los negocios no esenciales también deberían atender a través de la entrada o de alguna ventana, sin acceso de público a los locales. El gobierno porteño quizás insista con mantener alguna instancia de presencialidad en las escuelas. Según el ministro de Salud porteño Fernán Quirós “los encuentros en lugares cerrados, sean laborales, familiares o sociales, donde hay más de dos o tres personas son el motivo principal de ese repunte de casos”. ¿Habrá manera de evitarlos más allá de apelar a la conciencia de la cansada población y sin caer en excesos absurdos?

Lo más importante en este contexto es el panorama que delinean los especialistas en terapia intensiva, que no resulta para nada alentador. “De los 35 mil y pico de personas contagiadas, en 10 o 14 días, el 5% necesitará una cama, es decir, más de 1700 individuos. Son espacios que no tenemos y que no vamos a tener. La verdad es que el panorama es muy dramático”, aseguró Rosa Reina, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), en una entrevista con un diario porteño. Tampoco habrá lugar para el 5% de los 39 mil positivos de ayer y de las decenas de miles que se informen hoy. Sean cuales sean las medidas que se anuncien en la próximas horas es probable que ya sea demasiado tarde.

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