Segunda ola: cuando todos están enojados no hay acuerdo posible


Además de los millones de enfermos y los miles de muertos el coronavirus implantó, de modo general, el hartazgo en buena parte de la sociedad. Los gobiernos de Nación y Ciudad hablan de cosas distintas cuando debaten sobre educación. Distintas agrupaciones médicas comunican su bronca por el uso desafortunado de una palabra.

Por Dr. Daniel Cassola

En principio hay algunos datos que no se pueden discutir. La segunda ola de coronavirus, como sucedió en otras latitudes, es aquí más feroz que la primera. El récord de casos, que por ahora está en 27 mil, podría volver a quebrarse en cualquier momento. Si bien la mortalidad no aumentó proporcionalmente sí lo hizo con respecto a semanas anteriores. Ya hubo dos días en los que se contabilizaron más de 300 muertes. En otras palabras, nadie puede discutir que hay, en comparación con el verano, más infecciones, más muertes y que, así, probablemente el sistema sanitario colapse pronto.

La cuestión es qué se hace con un panorama de estas características. El gobierno nacional dispuso una serie de medidas, sobre todo orientadas a la nocturnidad, y ante la trepada en la cantidad de casos, produjo nuevos anuncios cinco días después. Uno de los puntos más criticados es la suspensión de las clases presenciales por dos semanas en la zona del AMBA.

La educación ha sido el foco de debate más encendido entre el gobierno y la oposición que lidera Juntos por el Cambio. Más allá de las chicanas y las declaraciones oportunas para obtener algún rédito político vayamos a los argumentos. Primero es indiscutible que la zona en la que más contagios hay ahora es el AMBA, con epicentro en la Ciudad de Buenos Aires. Fue así en la primera ola y es así ahora también. Las razones son las de siempre. La mayor parte de las actividades del país pasan por la Ciudad.

En cuanto a las clases presenciales el gobierno nacional sostiene que desde comenzaron los casos aumentaron exponencialmente, lo cual es cierto aunque no necesariamente haya una relación entre ambas cuestiones. “He estudiado en la última semana el movimiento que genera la puesta en marcha de la educación presencial, es francamente alarmante: no sólo se mueven alumnos, se mueven docentes, no docentes, transportistas, padres y madres, un número muy importante de gente, que representa casi un tercio de la circulación”, comentó el presidente Alberto Fernández en una conferencia de prensa, hoy a mediodía, luego de reunirse con el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta.

La postura, justamente, del gobierno porteño, es que los contagios tanto en el alumnado como en el plantel docente y no docente de las escuelas es mínimo y no está probado que se haya dado dentro de las instituciones. Si se cumplen los protocolos dar clases presenciales es seguro. Así se resumiría la postura. Ahora bien, no hay un diálogo entre ambas posiciones porque una habla de la circulación más en general y otra de lo que sucede dentro del colegio. O sea, quizás los dos tengan razón, no necesariamente hay alguien que está equivocado.

Algo similar ocurrió con la palabra “relajados” y los médicos. En el anuncio del pasado miércoles el presidente dijo que el sistema sanitario se había relajado en la contención del coronavirus. Fue una muy desafortunada elección de palabras para decir que en el sub sistema sanitario privado del AMBA hay más recursos ocupados en otras patologías. Es, nuevamente, algo objetivo. Ante la menor cantidad de casos los centros de salud comenzaron a programar cirugías, controles y otras actividades que habían estado descuidadas durante el año pasado. Hay hoy un sinfín de organizaciones médicas que publicaron comunicados diciendo que los médicos no se relajaron, que es una falta de respeto hablar así de ellos y unas cuantas cosas más. Nuevamente, los dos tienen razón y todo comenzó por una forma de expresarse del presidente que no estuvo a la altura de las circunstancias actuales.

Todos están, o estamos, enojados. Son muy pocos los que pueden decir que estos ya trece meses de pandemia no los afectó en algo. Hay menos trabajo en gran parte de la economía y agotamiento en los sectores esenciales, como la salud. Si bien siempre cuesta escuchar al otro hoy parece casi imposible. Las medidas contra el coronavirus, sin acuerdo y consenso, no van a funcionar. Cada uno tiene que hacer su parte en su trabajo y en su vida cotidiana. Mientras los humanos se pelean y discuten los virus, que no entienden de política, se reproducen.

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