A pesar de los avances médicos y tecnológicos en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, la tasa de mortalidad por infarto agudo de miocardio sigue siendo inaceptablemente alta en la Argentina.
Por Dr. Daniel Cassola
Así lo advirtió la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) en vísperas del Día de la Cardiología Argentina, que se conmemora cada 9 de abril en honor a la fundación de la entidad hace 88 años. Lejos de disminuir, las muertes por esta causa representan un desafío persistente y una señal de alarma sobre el estado de la salud pública cardiovascular en el país.
Cada año se producen más de 50 mil infartos en Argentina, una cifra que sigue siendo constante y preocupante, y que tiene como telón de fondo un conjunto de factores de riesgo mal controlados. Entre ellos, el colesterol elevado, la hipertensión arterial, la obesidad, el tabaquismo y el sedentarismo se destacan como responsables directos de esta situación. A esto se suma la escasa adherencia de la población a los tratamientos médicos indicados, una tendencia que se ha profundizado en los últimos tiempos con consecuencias potencialmente letales.
Según el último informe del Registro Argentino de Infarto Agudo de Miocardio (ARGEN-IAM), la tasa de mortalidad por infarto en el país se sitúa en 8,5%, un número que preocupa a los profesionales de la salud. En contextos donde el infarto es abordado a tiempo, esa cifra debería ser notablemente menor. La reperfusión temprana –que implica la apertura de la arteria obstruida mediante medicamentos fibrinolíticos o intervención con stents dentro de las primeras tres horas desde el inicio de los síntomas– es una estrategia eficaz que ha demostrado salvar vidas. Sin embargo, la aplicación oportuna de este tratamiento todavía enfrenta obstáculos estructurales y organizativos, en especial por la falta de una articulación efectiva entre el sistema público y el privado.
El presidente de la SAC, Dr. Pablo Stutzbach, subrayó la necesidad urgente de reforzar las redes de atención para infarto y de garantizar equidad en el acceso a diagnósticos y tratamientos de calidad en todo el territorio nacional. Aunque reconoció algunos progresos en los tiempos de respuesta, enfatizó que estos esfuerzos aún no son suficientes para revertir la tendencia alarmante en la mortalidad cardiovascular.
Las cifras del último reporte de Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud son elocuentes. En 2023, murieron en Argentina 99.454 personas por enfermedades cardiovasculares, lo que representa el 30,3% de todas las muertes por causas conocidas. En comparación, las enfermedades oncológicas causaron 62.460 fallecimientos, un 19% del total. Las enfermedades cardiovasculares engloban patologías como la enfermedad isquémica del corazón, la hipertensión, la insuficiencia cardíaca y los accidentes cerebrovasculares, entre otras.
Otro dato que rompe con ciertos prejuicios es la escasa diferencia en la distribución por sexo: durante 2023 fallecieron 50.025 hombres y 49.417 mujeres por causas cardiovasculares, demostrando que este tipo de enfermedades afecta con similar intensidad a ambos géneros.
Uno de los fenómenos que más preocupa actualmente a los cardiólogos es el creciente abandono del tratamiento con estatinas, medicamentos fundamentales para el control del colesterol. Una encuesta reciente realizada por la SAC reveló que el 45% de los cardiólogos y médicos clínicos han detectado un aumento en la suspensión de este tratamiento por parte de los pacientes. Lo más alarmante es que esta conducta está siendo impulsada no por indicaciones médicas, sino por desinformación que circula en redes sociales y consejos infundados de allegados.
Las estatinas tienen un rol probado en la prevención del infarto y otros eventos cardiovasculares. Pese a sus beneficios ampliamente documentados, muchos pacientes están reduciendo sus dosis o directamente abandonando el tratamiento, sin comprender los riesgos que esto implica. El vicepresidente de la SAC, Dr. Sergio Baratta, llamó a reforzar la educación médica y social sobre estos fármacos y a combatir los mitos que circulan con fuerza en internet y otros canales informales. Según explicó, dejar de tomar estatinas sin supervisión médica puede derivar en un aumento significativo del riesgo cardiovascular.
La SAC insiste en la necesidad de implementar campañas de concientización amplias y sostenidas, que informen con claridad a la población sobre los beneficios de las estatinas, sus verdaderos efectos secundarios y la importancia de no modificar la medicación sin consultar con un profesional de la salud. El mensaje es contundente: la adherencia al tratamiento salva vidas y el desconocimiento puede costarlas.









