Con la llegada de las bajas temperaturas, la intoxicación por monóxido de carbono (CO) vuelve a posicionarse como un problema sanitario relevante en Argentina. Se trata de un riesgo silencioso: el gas es inodoro, incoloro, insípido y no irritante, lo que lo convierte en una amenaza difícil de detectar y con potencial de provocar consecuencias graves, incluso la muerte.
Por Dr. Daniel Cassola
El monóxido de carbono se genera por la combustión incompleta de materiales utilizados para calefaccionar o cocinar, como gas natural, kerosene, carbón, madera y otros combustibles. En la mayoría de los casos, las intoxicaciones están vinculadas al uso inadecuado de artefactos, la falta de mantenimiento o fallas en los sistemas de ventilación.
Según datos del Boletín Epidemiológico Nacional, hasta la semana 10 de 2026 se registraron 130 casos en el país, lo que representa un leve incremento respecto al mismo período de años anteriores. Aunque la notificación de estos eventos se mantiene a lo largo de todo el año, existe un marcado comportamiento estacional: los casos aumentan entre abril y septiembre, coincidiendo con el uso intensivo de sistemas de calefacción.
Esta tendencia se viene consolidando en los últimos años. Desde 2022 se observa un crecimiento sostenido en la tasa de incidencia, que pasó de 2,77 casos cada 100.000 habitantes a 4,2 en 2025. El pico más significativo se registró durante el invierno pasado, particularmente entre junio y julio.
En la semana epidemiológica 27 de 2025 —del 29 de junio al 5 de julio— se notificaron 487 casos confirmados, el valor más alto de la serie reciente. Esta cifra fue 1,8 veces superior al máximo registrado en 2024. Además, el 70% de los casos se concentró en cinco jurisdicciones: Buenos Aires, Tucumán, Neuquén, Salta y Mendoza.
El aumento coincidió con un descenso abrupto de las temperaturas, que alcanzaron mínimos históricos en varias de estas provincias. Este dato refuerza la relación directa entre el frío, el uso de calefacción y el riesgo de intoxicación.
Uno de los principales desafíos en la prevención es que la exposición al monóxido de carbono suele ser inadvertida. Los síntomas iniciales —como dolor de cabeza, mareos, náuseas o debilidad— pueden confundirse con otras afecciones, lo que retrasa la consulta y aumenta el riesgo de complicaciones.
Frente a este escenario, las autoridades sanitarias insisten en la importancia de adoptar medidas preventivas antes y durante el invierno. Entre las recomendaciones principales se destacan la revisión periódica de estufas, calefones y calderas por personal matriculado, la correcta ventilación de los ambientes y evitar el uso de braseros o artefactos no diseñados para espacios cerrados.
También se aconseja no dormir con estufas encendidas que no cuenten con sistemas de seguridad adecuados y verificar que las salidas de gases no estén obstruidas.
La prevención es clave para reducir el impacto de un problema que, en gran medida, puede evitarse. En un contexto de temperaturas cada vez más variables y eventos climáticos extremos, anticiparse al invierno con controles y medidas de seguridad puede marcar la diferencia.
La intoxicación por monóxido de carbono sigue siendo una amenaza vigente, pero prevenible. La combinación de información, mantenimiento adecuado y hábitos seguros es fundamental para proteger la salud durante los meses más fríos del año.









