El polémico método holandés para terminar con la pobreza

chica utrecht

¿El ingreso universal mejora a la sociedad o fomenta la “pasividad”?

Por Dr. Daniel Cassola

El gobierno de la ciudad Utrecht anunció que dará una asignación universal de 900 euros por persona y 1300 por familia a todos sus habitantes sin ninguna condición previa. Primero se hará un prueba piloto con unos 300 desocupados para luego extender el plan a los 300 mil habitantes de la localidad. Los beneficiarios no pierden el subsidio por más que consigan trabajo.

La ONG Basic Income Earth Network, defensora de este tipo de ingresos, sostuvo que la medida permite “erradicar la miseria, luchar contra las desigualdades y favorecer la emancipación de los individuos”. Según esta teoría, cada beneficiario podrá elegir el trabajo que desea cumplir y lanzarse a otras actividades como el voluntariado o la formación.

Los resultados de la experiencia serán monitoreados por economistas de la Universidad de Utrecht, que buscarán determinar si el ingreso fomenta la pasividad  o, por lo contrario, resulta beneficioso para el conjunto de la sociedad. Quienes defienden la medida sostienen que, a largo plazo, el ingreso universal provoca menos costos para el conjunto de la sociedad que los extensos planes de asistencia que dan distintos países del hemisferio occidental.

¿Se imaginan una experiencia similar en la Argentina? Cuando el gobierno de Cristina Kirchner implementó la Asignación Universal por Hijo, el debate fue feroz. La diputada Elisa Carrió promovía por entonces que el ingreso sea verdaderamente universal, o sea que se dé a todos los niños y no solo a aquellos cuyos padres no tienen trabajo. Parecería ser una idea en sintonía con el modelo holandés.

En cambio el entonces senador y titular de la UCR Ernesto Sanz, había sostenido en una entrevista periodística que el dinero de la AUH “se iba a ir por la canaleta de la droga y el juego”. La frase le valió numerosas críticas pero sirve para plantear la otra posición sobre los ingresos sociales. Hay quienes sostienen que los planes, los subsidios, fomentan la vagancia, o la pasividad como la llaman elegantemente los holandeses.

Es de esperar que durante el mandato del presente gobierno se vuelvan a plantear estos interrogantes. Lo interesante es que ambas posiciones, la de rechazo y la de ampliación de los ingresos sociales, se dieron por integrantes del mismo frente Cambiemos. Claro está que en ese entonces la alianza todavía no estaba constituida.

La incógnita está planteada. La experiencia que se inicia en Holanda sirve de ejemplo para volver a replantear una vieja pregunta. Si el Estado da un ingreso a sus ciudadanos sin contraprestación ni condición alguna, ¿fomenta la vagancia o mejora las perspectivas del conjunto de la población?

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