El Accidente Cerebrovascular (ACV) es una condición que ha cobrado una importancia significativa en la salud pública, no solo en Argentina sino en todo el mundo.
Por Dr. Daniel Cassola
En Argentina, el ACV es la cuarta causa de muerte, y a nivel global, 14 millones de personas son afectadas por esta patología cada año. En un esfuerzo por revertir esta situación y promover una mejor calidad de vida, la Federación Argentina de Cardiología (FAC) ha puesto un fuerte énfasis en la prevención y en la identificación de los principales factores de riesgo asociados al ACV.
La prevención del ACV comienza con la adopción de un estilo de vida saludable. Dos pilares fundamentales en este sentido son la dieta y la actividad física. En cuanto a la dieta, la «dieta mediterránea» y la dieta DASH se han asociado con la reducción de factores de riesgo vascular en general. Ambas dietas se caracterizan por un bajo consumo de carnes rojas y un alto consumo de legumbres, frutas, vegetales, grasas mono y poliinsaturadas presentes en pescados azules como el salmón, las anchoas, la caballa, las sardinas y el atún, así como en aceites como el aceite de oliva, el aceite de canola y el aceite de soja. Además, se recomienda limitar el consumo de sodio. Estas recomendaciones son proporcionadas por el Dr. Gerardo García Mallea, cardiólogo y Presidente del Comité de Enfermedad Vascular Periférica y Stroke de la FAC.
La actividad física regular también desempeña un papel vital en la prevención del ACV. Se recomienda la realización de 150 minutos de ejercicio a la semana o, alternativamente, períodos diarios de 20 minutos de actividad física intensa. Estas medidas simples pueden ayudar a reducir significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La prevención es un proceso continuo que se construye con el tiempo, pero con la implementación constante de estas acciones, se pueden lograr grandes avances en la salud.
El ACV ocurre cuando un vaso sanguíneo que transporta sangre y oxígeno al cerebro se obstruye o se rompe, lo que provoca disfunción en las neuronas y, en consecuencia, parálisis, debilidad, problemas de lenguaje y visión. La clave para minimizar las secuelas de un ACV radica en buscar atención médica inmediata. Para ayudar a la identificación temprana de un ACV, se utiliza el acrónimo R.A.P.I.D.O., que proporciona una guía rápida y sencilla para la acción:
- R: Rostro caído.
- A: Alteración en el equilibrio.
- P: Pérdida de fuerza en brazo y/o pierna.
- I: Impedimento visual repentino.
- D: Dificultad para hablar.
- O: Obtener asistencia médica.
Mediante la observación de estos síntomas y la realización de algunas pruebas simples, es posible determinar el estado de una persona y proporcionar una orientación precisa a los servicios de emergencia.
Es fundamental abordar los factores de riesgo que pueden desencadenar un ACV. Entre ellos, se encuentran el tabaquismo, la obesidad y el consumo excesivo de alcohol. La hipertensión arterial es un factor clave, afectando a uno de cada tres argentinos. La Fibrilación Auricular (FA) se asocia con un aumento significativo del riesgo de ACV debido al potencial tromboembolismo. Otros factores de riesgo incluyen el infarto de miocardio, la enfermedad arterial periférica y antecedentes de ACV. Llevar a cabo medidas preventivas y realizar consultas médicas periódicas para evaluar la salud del sistema cardiovascular son acciones esenciales para evitar posibles discapacidades en caso de un ACV.









