La amenaza del regreso del sarampión, una enfermedad viral altamente contagiosa que se creía bajo control en la región, vuelve a encender las alarmas sanitarias en Argentina.
Por Dr. Daniel Cassola
Según datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación, ninguna provincia del país alcanza el 95% de cobertura con la vacuna triple viral —que previene el sarampión, la rubéola y las paperas—, umbral mínimo recomendado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para garantizar la inmunidad colectiva y evitar brotes.
El escenario preocupa en un contexto global donde el sarampión ha vuelto a emerger con fuerza. En los primeros tres meses de 2024, se registraron 56.000 casos en Europa, una cifra que supera el total del año anterior. En Argentina, si bien aún no se ha declarado un brote, los niveles de inmunización actuales crean el terreno propicio para que se produzcan contagios autóctonos si el virus ingresa al país a través de viajeros internacionales.
El sarampión es una enfermedad que se transmite por vía aérea y tiene una tasa de contagio extremadamente alta: una sola persona infectada puede transmitirla a entre 12 y 18 personas no inmunizadas. Aunque suele asociarse con síntomas leves como fiebre, erupción cutánea y tos, en algunos casos puede provocar complicaciones graves, como neumonía, encefalitis e incluso la muerte, especialmente en menores de cinco años y personas con sistemas inmunológicos comprometidos.
El país logró erradicar la circulación endémica del virus en el año 2000, pero desde entonces ha experimentado episodios esporádicos de casos importados o relacionados con viajeros. El último brote relevante ocurrió entre 2018 y 2019, cuando se registraron más de 170 casos. Para evitar que esa situación se repita, los especialistas insisten en la necesidad urgente de elevar las tasas de vacunación infantil.
Los datos oficiales revelan un panorama alarmante: durante 2023, apenas el 80% de los niños y niñas de un año recibió la primera dosis de la vacuna triple viral (que incluye protección contra sarampión, rubéola y paperas), y sólo el 56% completó el esquema con la segunda dosis al ingresar al sistema escolar. Estas cifras están muy por debajo del umbral del 95% establecido por la OPS como garantía de inmunidad comunitaria.
La situación es aún más grave si se analiza por distrito. Ni siquiera las provincias con mejores registros, como La Pampa, alcanzan el porcentaje recomendado. Otras jurisdicciones presentan coberturas extremadamente bajas, como Neuquén, Río Negro y Chubut, donde la cobertura del segundo refuerzo no llega al 50%.
Las razones detrás de esta caída en la vacunación son múltiples. Entre ellas se destacan la desinformación, el debilitamiento de las campañas de salud pública, y las barreras de acceso a los servicios de vacunación, especialmente en zonas rurales o vulnerables. La pandemia de COVID-19 también tuvo un impacto directo al interrumpir durante meses el ritmo habitual de inmunizaciones infantiles.
Desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y otras organizaciones médicas advierten que el país se encuentra en una “situación de riesgo” ante un eventual ingreso del virus. Según expertos de esta asociación, “el sarampión es una enfermedad que requiere una vigilancia epidemiológica permanente y un muy alto nivel de cobertura vacunal. No podemos permitirnos bajar la guardia”.
El principal temor de los especialistas es que un solo caso importado sea suficiente para generar un brote, dada la gran cantidad de personas susceptibles, sobre todo entre los más chicos. “Estamos muy por debajo del mínimo de seguridad. Si entra el virus, puede haber transmisión comunitaria en cuestión de días”, advierten.
Además, señalan que la baja cobertura no es solo un problema argentino, sino regional. Países vecinos como Brasil, Paraguay y Bolivia también atraviesan una situación crítica en materia de vacunación, lo que agrava el riesgo compartido de brotes transfronterizos.
Ante esta situación, el Ministerio de Salud lanzó nuevas campañas para reforzar la vacunación en todo el país, con operativos puerta a puerta y jornadas de inmunización en escuelas, hospitales y espacios públicos. También se busca fortalecer la vigilancia epidemiológica en aeropuertos y puntos de ingreso internacional, para detectar casos sospechosos en forma precoz.
Sin embargo, los expertos consideran que se necesitan medidas más sostenidas y estructurales para revertir la tendencia. “No alcanza con una campaña ocasional. Tiene que haber una política sostenida de recuperación de coberturas, con recursos, seguimiento y presencia territorial”, opinó Carla Vizzotti, ex ministra de Salud, en recientes declaraciones públicas.
Desde las organizaciones de salud también se reclama un rol más activo de los medios de comunicación para contrarrestar los discursos antivacunas y reforzar la confianza en los esquemas de inmunización obligatorios. En este sentido, la vacuna triple viral es parte del Calendario Nacional y se aplica de manera gratuita en todos los centros de salud del país.
El regreso del sarampión sería un retroceso sanitario evitable. La Argentina cuenta con una vacuna segura, efectiva y gratuita, pero los niveles actuales de cobertura comprometen su eficacia como herramienta de prevención colectiva.









